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SoloEnLaOscuridad

Sin esperanzas

Te amo pero tengo que matarte, y lo hago por eso, porque te amo.
Te das la vuelta y me miras con angustia, luego vuelves la cabeza hacia la puerta del ascensor para volver a observarme otra vez al cabo de unos segundos. Crees que yo puedo hacer algo para evitar lo que está sucediendo y tus ojos, enrojecidos de tanto llorar y restregarte con las manos me escrutan hasta lo más hondo de mi ser, intentando encontrar algo de mí que no sea miedo, pánico.
He pasado mis manos por tu cabello, lo he acariciando suavemente, como lo he hecho cientos de veces. Aunque ahora mis dedos tiemblan más, porque saben que hay que ir bajando, poco a poco, palmo a palmo hasta tocar tu fino cuello.
Ni siquiera sé cómo matarte exactamente. Santo Cielo, en lo que estoy pensando...con lo que nos costó poder estar juntos.

Aunque quizá, la negación de tu padre por aceptarme hizo nuestra relación más fuerte.
¿Qué hago? ¿Te asfixio o te rompo el cuello?
No, no, no, no podré hacerlo. Por Dios, me estás abrazando ¿Por qué me lo pones tan difícil? Creo que si te rompo el cuello sufrirás menos que si te ahogo poco a poco. Si veo que me miras con esos ojos castaños, sufridos, rotos, y pronuncias una palabra, mi nombre, el de nuestro hijo, tendré que aflojar ese nudo de dedos sobre tu garganta. Pero por otro lado, si intento romperte el cuello y no lo consigo a la primera puedo hacerte sufrir muchísimo, nunca he hecho nada parecido, me siento débil y no soy un asesino.

Pero no tenemos escape, esta situación no tiene marcha atrás. Dejó de tenerla cuando ellos aparecieron. Aunque no nos hubiésemos metido aquí.
Cuando dieron la alarma estaba buscando alimentos entre los escombros, sólo había encontrado una lata de atún en conservas, pero volvía contento porque nuestro hijo iba a tener algo que llevarse a la boca. El sonido de las sirenas me pareció tan irreal... aunque sabíamos que este día podía llegar, debía llegar.

Fue demasiado tarde, ellos ya estaban allí. Encontré de guardia al viejo Matías, estaba muerto. Un grupo de ellos se encargaban de él. Cuando subí al piso di un patadón a la puerta, entré y me dirigí a nuestra habitación. Habíamos dejado al niño con aquella chica que tanto y siempre nos ha ayudado, nunca pensé que al volver me encontraría con aquello...aquello que ya no era nuestro hijo, ni tampoco la chica. Ellos estaban allí, esos hijos de puta se nos habían adelantado y ahora el niño y la chica no eran más que jirones de carne y sangre sobre la cama, manchando las sábanas blancas.
Se disputaban los trozos con avidez, se peleaban como fieras, como buitres carroñeros.
Retrocedí lentamente, agarrándome el corazón que me daba punzadas y procurando no vomitar para no llamar su atención. Preguntándome dónde estarías tú, rogando para que no hubieses visto aquello. Nuestras esperanzas de que nuestro hijo pudiese ser uno de los que levantasen de nuevo a la Tierra, de que fuese alguien importante en el Nuevo Mundo, se paseaban de garra en garra, de boca en boca.

Y después de salir a la calle para buscarte, para saber qué había pasado contigo casi me dio pena encontrarte saliendo del ascensor. Sabes o intuyes algo, aunque te he dicho que nuestro hijo está a salvo, que se lo llevó la chica con ella, tus ojos me dicen que no me crees, pero prefieres no escuchar la verdad.
Que pelo más suave tienes...

Tú también estás escuchando como ellos lo mastican todo con sus dientecillos afilados. Han cortado el suministro de luz y no podemos movernos de aquí. Mordisquean hierro y goma para llegar hasta nosotros. Nos huelen, huelen el miedo, la preocupación y la desesperanza. Pero tú no sufrirás, ya me encargaré yo de eso.
No me digas que me quieres.

Mis lágrimas huyen de mis ojos y se funden con tu pelo. Mi mano derecha acaricia tu nuca mientras que la otra te estrecha contra mi, fuerte.Hasta sentir tu alma, que también me abraza. Hasta sentir tus lágrimas tibias en mi cuello.

 Ya no estamos dentro de este ascensor, encerrados. Tú y yo viajamos a esos prados verdes y húmedos de Galicia, donde estuvimos de luna de miel, antes de que todo esto empezara. Estamos abrazados y sentimos como una suave brisa nos acaricia y envuelve dando vueltas en espiral. Los pájaros con su monótono trino marcan el ritmo de la canción de una tarde estival y nuestras miradas, inocentes, se entrelazan y tejen sentimientos que ya nunca podrán ser olvidados, aunque pasen cien siglos.
Dos minutos más y entrarán, uno, y tú estarás viajando, con nuestro bebé en brazos, iréis a Galicia, sí, y me esperaréis a la entrada de una de aquellas pequeñas aldeas de casas de paredes empedradas y techos oscuros de pizarra.

Buen viaje, mi amor.

 

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1 comentario

tatas36 -

terrorifico, relato de un enfermo mental, pero a la vez conmovedor, romantico, real, casi me haces percibir la suavidad de su cabello... chapeau
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